Innovación y competencia: Percepción, realidad y debate
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sc_logo jueves 2 de marzo, 2017Hace 3 años

De forma intuitiva puede pensarse que la innovación es un aspecto deseable para una economía y que trae consigo aportes positivos al bienestar en general.

De forma intuitiva puede pensarse que la innovación es un aspecto deseable para una economía y que trae consigo aportes positivos al bienestar en general. De igual forma, parece lógico pensar que un mercado competitivo reportará mayores niveles de innovación, debido a que las firmas, en su afán por maximizar sus utilidades, tratarán de manera constante de encontrar nuevas y mejores forma de producción para obtener ventajas sobre sus competidores y de esta forma obtener un nivel mayor de rentas. Sin embargo, existe un importante cúmulo de literatura que sostiene que la innovación y la competencia no siempre caminan de la mano.

En términos generales, como se aprecia en el Gráfico 1, puede advertirse una relación positiva entre el nivel de innovación de una economía (medida con base en el número de solicitudes de registro de patentes realizadas por los nacionales de cada país[1]) y su nivel de bienestar (usando el Producto Interno Bruto). Puede observase que países con altos niveles de riqueza (bienestar), también reportan altas tasas de registro de patentes (innovación). Los puntos más hacia arriba y hacia la derecha del gráfico 1, son China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Alemania, con 704, 287, 271, 159, y 47 mil solicitudes de patentes, con un PIB promedio, 5.69 billones de dólares, en 2013.

La innovación no es proceso resultante de la mera inercia existencial, sino que es consecuencia del afán de las firmas de obtener mejores resultados con menor esfuerzo (eficiencia) y disponer de alternativas con las que antes no se contaba (expansión). Ahora, el grado de observancia de la innovación, como cualquier actividad económica, es función directa del conjunto de incentivos presentes al momento de tomar una decisión. De esta forma, es lógico pensar que en mercados con bajos niveles de competencia se reporte poca voluntad por innovar, ya que ni existen rivales con quien disputarse el mercado, ni amenazas de posibles entrantes que potencialmente rivalicen con los incumbentes. Por el contrario, en aquellos sectores con altos niveles de competencia, es esperable que los participantes de este mercado traten ferozmente de diferenciarse del resto con la esperanza de prevalecer sobre el resto.

Lo anterior es conducente a concluir que la decisión de innovar  está supeditada al nivel de ganancias “post inversión” (Aghion et al, 2005)[2], que las firmas perciban puedan recibir luego de realizar mejoras tecnológicas[3]. Es decir, mercados donde la mejora continua no sea un resultado rentable reportaran menores niveles de innovación, al contrario de aquellos donde la innovación prometa mejores márgenes o, en su defecto, sea un requisito indispensable para no quedar rezagado respecto al resto de competidores. De esta forma,  podría concluirse que  mercados competitivos tienden a la innovación.

Sin embargo, existe en la literatura económica disentimiento respecto a si mayores niveles de innovación devienen en mercados más competitivos. Hay quienes sostienen que, efectivamente, innovación y competencia son variables que se mueven al unísono en el mismo sentido; por otro lado, se identifica una corriente de pensadores que cree que al contrario del entendimiento común, mayores niveles de innovación resultan en mercados menos disputados. Finalmente, hay un tercer cúmulo de literatura que expresa que la innovación puede tanto incrementar como mermar los niveles de competencia.

Ciertos autores  argumentan que mayores niveles de avance tecnológico, si bien en el corto plazo mejoran las condiciones para los consumidores, a la postre termina reduciendo el número de competidores en el mercado (Shcumpeter, 1943)[4], (Salop, 1977)[5], (Dixit y Stiglitz, 1977)[6], (Scharfstein, 1988)[7], (Grossman y Helpman, 1991)[8], puesto que todos los que no logran acoplarse a las mejoras de la industria deben inexorablemente salir de la misma. Por otra parte, este aumento sostenido en tecnología ensancha  la distancia de productividad entre los incumbentes y potenciales rivales, con lo que se reduce el número de firmas para lograr un equilibrio en el sector, lo cual facilita a que el resto de participantes pueda actuar de forma coordinada. Esto sucedería especialmente en mercados donde existen amplias brechas tecnológicas entre los líderes del mercado y el resto de competidores y por tanto, se perciben bajos diferenciales positivos en las utilidades provenientes de la inversión en innovación.

De forma antagónica a la postura anterior, existe la posibilidad que la firmas tengan grandes incentivos para innovar, debido a la estructura del mercado, la esperanza de mejores rentas y el deseo de supervivencia (Gerorski, 1995)[9], (Nickell, 1996)[10], (Blundell et al, 1999)[11]. Esto es el caso de mercados denominados de competencia de tipo “cuello a cuello”, y en los cuales existe una gran paridad tecnológica entre los incumbentes. Así, los agentes económicos tienen un gran interés en innovar (perciben que contarán con diferenciales en utilidades considerables derivados del avance tecnológico), sea porque de no hacerlo quedarían rezagados frente al resto, o porque cuentan con la impresión que al realizar estas mejoras podrán diferenciarse de sus competidores y acaparar toda la demanda (efecto escape de la competencia).

Finalmente, la conjunción de las dos posturas anteriores da pié al surgimiento de un marco teórico que indica que la innovación tienen un comportamiento de U invertida sobre la competencia, es decir que puede aumentarla como disminuirla. El trabajo (Scherer, 1967)[12] fue uno de los primeros en advertir esta relación, pero fue hasta en fechas recientes con las publicacioens de (Aghion et al, 2005), (Aghion et al, 2014)[13], (Tingvall y Poldahl, 2006)[14], (Kilponen y Santavirta, 2007)[15] que se ha ofrecido un marco de análisis teórico y empírico para analizar esta relación entre innovación y competencia. Así, estos autores sostienen que en mercados donde exista altos niveles de competencia y se observe homogeneidad en la capacidad tecnológica de sus participantes, más innovación traerá más competencia y que en mercados con gran disparidad tecnológica entre los incumbentes la innovación reducirá los niveles de competencia, ya que si los líderes invierten cada vez más en tecnología terminarán desplazando a sus rivales menos tecnológicamente avanzados.

De esta forma, la idea que la innovación otorga efectivamente mayores niveles de competencia de forma contundente es una aseveración que debe ser matizada. La evidencia empírica y el debate teórico apuntan a que la relación entre innovación y competencia no siempre es directa. Existen casos donde más innovación redunda en menores de niveles de competencia, sobre todo en aquellos mercados con grandes disparidades tecnológicas entre los participantes; de igual forma, sectores con competidores muy homogéneos tienen a presentar mayores niveles de competencia en la medida que sus participantes innovan.

En conclusión, el contraste entre lo que puede ser lógicamente aceptable y lo que la evidencia empírica y el debate teórico muestran, debe servir a los economistas, y a los investigadores en general para siempre estar prestos a corroborar sus postulados  contra la realidad mediante el método científico. Por otra parte, lo señalado por la literatura brinda luces para los encargados de política pública a fomentar medidas la creación de nuevo conocimiento para innovar y brindar nuevos recursos tecnológicos al tejido productivo de la economía de tal forma que las firmas cuenten con más y mejores herramientas para competir de forma más intensa, ofreciendo mejores productos y servicios al público en general.

[1] Existe cierta controversia respecto al uso de las patentes como proxy de la innovación. El lector interesado puede consultar Pilar Beneito, et al,; La relación en forma de U-invertida entre competencia e innovación: evidencia para el caso español”, Universidad de Valencia, 2011.

[2] Aghion, P., Bloom, N., Blundell, R., Grifith, R., Howitt, P; “Competition and innovation: an inverted-U relationship”; Quarterly Jpurnal of Economics, 2005.

[3] El término tecnología se refiere a todo conocimiento o capital que ayudan a realizar con menores esfuerzos un esfuerzo humano.

[4] Shumpeter, J.; “Capitalism, Socialism

[5] Salop, S.; “The noisy monopolist: imperfect information, price dispersion, and price discrimination”; Review of economics and statistics, 1977,

[6] Dixit, A., Stiglitz

[7] Scharfstein, D.; “Product Market Competition and Managerial Slack”, RAND Journal of Economics, 1988.

[8] Grossman, G., Helpman, H.; “Innovation and Growth in the Global Economy”; MIT Press, 1991.

[9] Geroski, P.; “Market Structure, Corporate Performance, Innovative Activity”; Oxford University Press, 1995.

[10] Nickell, S., “Competition and Corporate Performance”; Journal of Political Economy, 1996.

[11] Bundell, R., Griffith, Van Reenen, J.; “Market Share, Market Value and Innovation in a Pannel of British Manufacturing Firms; Review of Economic Studies, 1999.

[12] Scherer, F.; “Market Structure and the Employment of Scientists and Engineers,” American Economic Review, 1967

[13] Anghion, P., et al; “The Causal Effects of Competition on Innovation: Experimental Evidence”; National Bureau of Economic Research, 2014.

[14] Tingvall, P., Poldahl, A., “The Causal Effects of Competition on Innovation: Experimental Evidence”; Economics of Innovation and New Technology, 2006.

[15] Kilponen, J., Santavirta, T.; “When do R&D subsidies boost innovation? Revisiting the inverted U-shape”; Bank of Finland Research Discussion Paper, 2007.